SOY DE CAN JAN

Y tú, ¿de quién eres?

En Binissalem todavía pertenecemos a la “casa de” y es para nosotros un orgullo que nuestro apodo vaya por delante de nuestro nombre de pila. El restaurante ocupa hoy lo que fue can Jan y que tanta gente aún hoy recuerda y nosotros no queremos olvidar. Porque hay un trocito de can Jan repartido en cada rincón de este pueblo. Desde el cuello del pozo que hay hoy en can Gelabert hasta las piedras de la fachada de la casa que sirvieron, como la de tantas otras, para empedrar la plaza del pueblo.

Nosotros queremos que tú también te lleves un trocito de can Jan. Esta vez en forma de bocado y recuerdo. De recuerdo de un buen menú, de habértelo pasado bien, de haber disfrutado sin prisas y a precio razonable de un buen menú. De los que te hacen cerrar los ojos y pensar a qué te recuerdan estos sabores. Queremos que vuelvas, pero a disfrutar de comer.

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Compramos local. Disfrutamos global

Can Jan es mercado y es temporada. Es mover el mar, el cielo y la tierra para volver a disfrutar de comer

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Pasión por la comida

Sí, cocinamos en mallorquín porque somos de aquí, Pero cocinar en mallorquín no es sólo cocinar recetas de nuestars abuelas. Hay más de 200 recetas de sopas mallorquinas y, al fin y al cabo, la mejor es la de uno mismo, la de casa, aquella a la que estás acostumbrado desde pequeño. Nos encanta la idea de ofrecerte cómo can Jan entiende la dieta mediterránea y la cocina isleña.

Nos inspiramos en el mercado -los viernes, además, lo tenemos en la plaza de Binissalem, frente a can Jan- y el recetario tradicional. No quiere decir que todo sea clásico porque nos gustan tanto unas burballes como un tártaro bien hecho, pero sí que buscamos sabores que sean aquellos que nos alimentan desde hace generaciones.

No tenemos llampuga hasta septiembre ni naranjas en verano, ni tordos o liebres fuera de temporada. La cocina nos inspira respeto tanto por el recetario de siempre como por el ciclo vital de cada ingrediente.