Can Jan es arte porque entendemos la gastronomía como tal. Y admiradores como somos del arte de Pep Guerrero, le propusimos que fuera él quien empezara con la exposición inaugural coincidiendo con la inauguración del restaurante. Las piezas buscan ser parte del mobiliario de can Jan pero, sobre todo, buscan gustar y que puedan ser parte de lo que uno puede llevarse a casa, como el recuerdo de una excelente velada.

A Pep Guerrero (Sóller, Mallorca, 1966) le gusta gustar con su obra. Rehúye del boato de la fama en persona, pues su discreción pasa por movimientos cortos, tono de voz bajo y mirada viva, de quién sabe que para comerse el mundo hay que hacerlo a pequeños bocados. Su obra es reconocible por su ultra-contemporaneidad disfrazada de vintage, sus paisajes que rozan lo clásico y el estándar del buen gusto en contraposición con los colores chillones, estampados y los animal print que funcionan de contrapunto al clasicismo de las campiñas de árboles que te hacen ver la luz a través del claroscuro de su trazo.

Pep es coleccionista de objetos bonitos, más allá de la utilidad de dichos objetos. Hay cierto placer en el hecho de poseer piezas que estéticamente se ansían, porque vivir pudiendo contemplar la belleza es un plus. Quizás sea esa la nota que se destila de cada cuadro, pendiente, zapato, colgante, mesa, pieza de ajedrez, coche, foulard, maleta, silla o jarrón que piensa, diseña en su cabeza y plasma con sus manos. El soporte es casi lo de menos cuando de buscar la seducción a través del objeto terminado es lo que cuenta. Vidas de piezas que, envueltas en cuadritos, rayas, cebras o pin-ups, tienen una segunda vida, una oportunidad de seguir viviendo para aportar la belleza que Pep Guerrero forja con su trazo bello y original. ¿Limites? Sólo los que la narrativa de su propio imaginario le dicte.

Desde el inicio de su carrera artística en 1992, la lista de las individuales y colectivas de Pep Guerrero es inabarcable: de París a Palma, de Houston a Bolonia, de Cádiz a México. Nueva York cayó rendida a los pies de Pep y Ágatha Ruíz de la Prada, amiga personal y artística en innumerables exposiciones. Y ahora el precioso reto de plasmar su obra en las paredes de CAN JAN, con la intención de decorar, sí, pero con el fin último de maridar visualmente gastronomía con arte.